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Rito del vino

Este rito es especialmente elegible si os gusta el vino. No pasaría nada por llevarlo a cabo si no es el caso, por la simbología que tiene. Pero nosotras os recomendamos que si alguno de los novios no os gusta, mejor evitarse un «mal trago» en vuestra ceremonia. Se trata de un día especial y tenéis que disfrutarlo los dos por igual.

Origen

El rito del vino tiene dos orígenes muy marcados. Uno pagano y uno religioso.

El pagano viene, como no podía ser de otra manera del Dios Griego Dionisos. Los griegos disfrutaban de los grandes placeres de la vida en formato de banquetes e incluso bacanales en las que no podía faltar el vino.

El religioso viene de las antiguas celebraciones matrimoniales que duraban siete días y en las que a los invitados no podían faltarles comida y vino en abundancia. Son varias las referencias en la Biblia a estas bodas, incluyendo un pasaje en el que Jesucristo invitado a una boda junto a su madre y sus discípulos, convierte el agua en vino para evitar el estigma social que iba a recaer sobre las familias del enlace por la falta de esta bebida.

Nos guste más un origen u otro, lo que queda patente es que el vino es y ha sido a lo largo de la historia un símbolo de abundancia, alegría y vida. De hecho, ahora hasta hay rituales de belleza y productos cosméticos que usan el vino en sus componentes.

Cómo se realiza el rito del vino

El rito se realiza con dos vinos diferentes, uno blanco que representaba clásicamente a la novia y uno tinto que representaba clásicamente al novio. Nosotras proponemos que escojáis un vino u otro según los gustos de cada uno de los contrayentes, lo importante es que sean diferentes para que representen vuestra vida pasada en solitario. Es recomendable que elijáis dos vinos que «casen» bien porque los vais a mezclar.

Para que quede más vistoso, cada vino estará en un decantador y mientras el oficiante lee un texto, iréis vertiendo cada uno vuestro vino en una copa. Otra opción es verterlo directamente de la botella pero queda menos «glamuroso» y también podéis ya tener unas copas preparadas con el vino. Lo dejamos a vuestro gusto.

A continuación verteréis el vino de vuestras copas en un tercer decantador (o uno solo, si no habéis usado más) para que los dos vinos se mezclan, simbolizando así que os convertís en una sola sangre, en un clan, una familia. El oficiante rellenará vuestras copas con esta mezcla, beberéis cada uno de vuestra copa y brindaréis con ellas frente a vuestros invitados haciéndoles partícipes de este rito.

Una variante de este último paso es que el oficiante vierta el vino mezclado en una sola copa y ambos cónyuges bebáis de ella y la levantéis después frente a los invitados (momento en el que seguro alguien se lanzará a gritaros un ¡Viva los novios!). Y otra variante de esta variante, basada en el rito judío es, tras beber de ella, tirarla al suelo y romperla.

A continuación podéis descargaros un guion tipo para que el oficiante pueda leer mientras se desarrolla el rito.

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